7 abr. 2011

U235 Era un lugar extraño. Lo primero que me llamó la atención fue el característico olor que lo inundaba. Un olor que mi memoria no lograba reconocer, era como si aquella fuera la primera vez en que olía algo así. A pesar de ello no le dí importancia. Aquel no era un lugar muy común de todas formas. Tan solo reparé en lo que me rodeaba. Una singular luz azulada iluminaba la estancia por todas partes, una luz que cada vez se volvía más brillante, y que no sabía de donde provenía ya que en aquel sitio no había ni una pequeña o ínfima ventana por la que pudiera colarse la luz. A pesar de ello era como si el propio aire que llenaba la habitación se tornara de aquel color abrillantado y dejara de ser transparente… Y en unos pocos segundos una niebla proveniente de ese mismo color azul se colocó a mi alrededor, cubriéndome por completo y haciéndose más y más densa, tanto que me costaba cada vez más distinguir lo que había a mi alrededor. Aún así la luz no desapareció, si no todo lo contrario. Ese vapor ennubado transportaba la luz con más facilidad de manera que me cegaba la vista. Me coloqué una mano frente a mis ojos intentando percibir al menos donde estaba pisando, pero era imposible. Un extremadamente agudo y frágil sonido apareció cada vez con más intensidad como si fuera un silbido que se colara desde todos los rincones de la habitación….. Pisé algo duro y alargado que no logré reconocer, pero que crujió bajo mis pies e inmediatamente me aparté intentado separarme… Fue justo en ese momento cuando un débil cosquilleo comenzo a correr por los dedos de mis manos y posteriormente por mis brazos hasta llegar a mis hombros. Era como si un ejército de diminutas hormigas corrían para arriba y para abajo por toda mi piel. Desde los pies hasta la cara todo era un cosquilleo cada vez más insoportable. Mi cerebro ni siquiera tuvo tiempo de reconocer aquella sensación cuando un repéntino y súbito objeto golpeó mi cabeza por todas partes. Un objeto que físicamente no existía pero que estaba en aquel pesado y denso aire. Mi cuerpo perdió el equilibrio pero conseguí quedarme de rodillas sin caerme. Me levanté con urgencia y la poca vista que aún me quedaba intacta comenzó a emborronarse. Poco a poco fui perdiendo la audición y aquel horrible pitido agudo fue desapareciendo lentamente… Reconocí esa sensación en cuanto llegó a la boca de mi estómago… A pesar de llevar horas sin comer, una violenta arcada salió desde mi esófago, y al instante vomité un gran chorro de lo que mi sentido del gusto distinguió como bilis. Pero ni siquiera de ese modo me sentí un poco mejor. Las nauseas eran mayores a cada segundo que pasaba y ya ni siquiera podía soportar el propio peso de mi cuerpo. Otro crujido volvió a retumbar bajo mis pies… Caí como un bloque contra el duro suelo, haciéndolo retumbar, boca arriba… Tenía los ojos muy abiertos, pero no veía absolutamente nada… Intenté emitir un sonido con mi garganta, pero mis labios apenas se abrieron para dejar paso al sonido… Poco a poco esas hormigas imaginarias que habían estado todo el tiempo recorriendo mi cuerpo fueron adentrándose calmosamente a través de mi piel, atravesando las capas más superficiales y llegando hasta mis músculos. Un calor abrasador se inició en el centro de mi estómago y se fue dispersando a una velocidad de vértigo por el resto de mis órganos. Era como si un fuego se estuviera desarrollando a lo largo y ancho de todo mi cuerpo. Un fuego que me quemaba desde dentro y que salía a través de la piel con virulencia. No sabía cuanto tiempo podría soportar aquel quemazón atravesándome desde arriba hasta abajo… La piel se me desacía trozo a trozo como al igual que si una capa de pintura se desprendiera de una vieja y corroida pared…. Recaí en ese momento…….: Podría ser…. Y era….. Aproximadamente……. En cálculos rápidos, drásticos y sumamente dolorosos…. Unos diez mil u once mil milisieverts……. Otro crujido, pero esta vez mucho más grave recorrió todo el suelo de la habitación, provocando que este cediera bajo mi cuerpo….. Caí aproximadamente la altura de siete metros y me hundí en un líquido, que parecía ser agua. Agua caliente que se movía impulsivamente con gran velocidad y con una vasta corriente que me llevaba a gran velocidad hacía abajo… Algo menos treinta segundos dejándome llevar por esa corriente hasta que dejé de sentir movimiento a mi alrededor y floté y floté en una amplia masa de agua, pero esta vez fría… Hasta que las pocas neuronas de mi cuerpo llegaron a la conclusión de…. ¡yodo!...... Pero ya daba igual…… El uranio había rozado mi piel como una suave y tierna caricia. Se había paseado a sus anchas por todo mi cuerpo hasta que se adentró por mis fosas nasales cubriéndo mis pulmones y saturándolos… Había acampado en mis estómago arañando mis paredes y removiendo todo mi interior… Y había conseguido de una forma casi mágica asentarse en los componentes de mi sangre dejándose llevar a través de mis venas y mis arterias. Hasta que llegó a su destino y explotó en mi cerebro, expandiéndose de forma brutal y no dejándome camino ninguno para poder escapar…. La oscuridad me inundó y me dejé llevar de la mano del uranio, hasta donde el me quisiera llevar…… Mis iris pasaron de ser del color de la miel a ser negros como el azabache. Todo mi cuerpo se tornó negro como la noche……

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