6 abr. 2011

Una bala de plomo. Dejando una minúscula onda expansiva por donde pasaba, cayó en el centro de mi pecho reventándolo en mil pedazos y esparciendo a mi alrededor los fragmentos de mi machacado corazón que se dividía en pequeñas y rojas porciones llenas de emanaciones violentas de sangre… Observé el hueco libre de mi pecho contemplando con curiosidad la sangre que brotaba a borbotones a través de él, y que poco a poco embadurnaba mi ropa y mi piel tiñéndolo todo de un color más parecido al vino tinto que al del líquido de la vida. Apoyé mi mano derecha sobre el pecho, no en un intento de parar aquel veloz geiser que pronto me secaría por dentro, si no de comprobar la profundidad de aquel redondeado agujero y el grado de dolor que podría llegar a aguantar.......El olor de la sangre se tornó insoportable, pero hice lo posible por respirar irregularmente y por la boca. La yema de mi dedo corazón tocó algo duro y frío que se movía al ritmo de mis movimientos y que pude agarrar......Miré con aprehensión la bala del calibre cuarenta y cinco ensangrentada que acababa de extraer del interior de mi cuerpo sin sentir el más mínimo dolor..........

No hay comentarios:

Publicar un comentario